miércoles, 23 de enero de 2013

O Português

Llevaba años queriendo saber portugués - un idioma que me parece más hermoso que las margaritas - , pero nunca dado con una buena justificación para ponerme a estudiarlo. No sería más lógico perfeccionar mi gramática en español? O aprender chino y prepararme para su gran potencia mundial? De qué me iba servir hablar portugués? Si me fuera a vivir a Brasil, todavía. Pero, no siendo así, era más práctico aprender a tocar el acordeón.
Pero, por qué tiene que ser todo tan práctico? Llevaba años siendo diligente soldada dedicada a estudiar, trabajar, a producir, a crear, respetando todas las fechas de entrega, jamás ausentandome a una prueba, cuidando de mis seres queridos, atenta a la salud de mis encías y mi cuenta bancaria, votando en las elecciones y demás. Esta vida nuestra tiene que estar necesariamente volcada hacia el deber? En ese momento tan negro de mi vida, que justificación me hacia falta para estudiar portugués, aparte de ser lo único que me podía hacer realmente feliz? Además, tampoco era un objetivo tan heroico querer aprender un idioma. Otra cosa hubiera sido decir a mis 24 años: "Quiero ser la primera bailarina de la compañía de Nueva York". Estudiar un idioma es algo que se puede hacer de verdad. Así que me inscribí en la asignatura en mi universidad. Al enterarse, mis amigos Brasileiros eran los más felices, mis amigos de aquí se morían de la risa. Mi amigo Bastian me preguntó: Para qué estudias Portugués? Para andar cantando axé?
Pero yo ya estaba encantada. Cada palabra me parecía un gorrión cantarín, un truco de magia, una trufa toda para mi. Al salir de la clase volvía a casa chapoteando bajo la lluvia, llenaba la tina con agua caliente y me metía a un baño de espuma a leer una noticia a diario en Portugués creyendome Lisa de Comer, Rezar & Amar. Pero así yo me olvidaba de la tensión y de todas mis penas. La musicalidad de las palabras me hacía reír entusiasmada. Cuando hablaba de alguna travesura decía malandrinhas brincadeiras (que quiere decir juegos maldadosos de niños). Me convertí en una de esas personas agotadoras que se pasan la vida diciendo Curti demais! Me bastaba con pronunciar esas palabras para sentirme sexy & feliz. Mi profesora dijo que no era tan raro. Otros de sus estudiantes han hasta modificado sus nombres para sentirse sexy y feliz. Juan por Joao.
No, si al final, hasta podría acabar yéndome a Brasil y todo...

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