miércoles, 9 de enero de 2013

Amor amarillo.



Qué se puede agregar a todas las cosas que ya se han dicho del amor?
Toda mi vida ha sido pauteada en los amores que he tenido o los que me gustaría tener.
Hablando sobre los que he tenido, tampoco tengo mucho que decir. Amé y he sido muy bien amada.
Más hay un amor, un único amor, que vino a cambiar mi vida, tocó mi alma y se quedo marcado en mi piel.
Todos llevamos con nosotros una historia, aquella que sólo nos atrevemos a recordar, cuando en la noche está oscuro y encontramos nuestras cabezas en la almohada, mientras el silencio es profundo.
No importan los años, ciertas cosas simplemente permanecen.
Pero luego, algún jueves de un año cualquiera, nos encontramos con este amor supuestamente ya olvidado. Y nos damos cuenta que amor igual no hay y que aquella persona continua y continuará siendo nuestra referencia afectiva más sincera y profunda.
No es enfermiza ni obsesiva. De hecho no es nada, solo amor. Amor de los buenos, de aquellos que son únicos y maravillosos, que acontecen pocas veces en las vidas de las personas. De aquellos amores que permanecen y que tenemos que convivir con ellos como algo concreto y parte de nuestras vidas.
Qué alma puede vivir sin haber conocido el amor y quizás ser lo suficientemente afortunado en que ese amor sea correspondido?
Qué vida vale la pena sin amor?
Ningún sentimiento es más hermosamente profundo y transformador que el amor.
Sólo el amor transciende y purifica, enloquece y cura, invade, permanece, libera y aprisiona.
Cuando ocurre, es un sonido que penetra, invade y permanece.
No se compliquen ni elaboren un sentimiento más increíble y poderoso que todos.
Permitan que este sentimiento llegue y se instale.
Porque el resto son bobadas, mujeres, bobadas.

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