martes, 8 de enero de 2013

Caminando hacia un testimonio.

El sábado pasado junto con mi amiga Keka fuimos al cerro San Cristóbal con el fin de tener un día deportivo y ponernos al día en las cosas de nuestras vidas.
Mi gran sorpresa fue que un poco más allá de la mitad del camino, vimos a un hombre empujando la silla de ruedas de su hijo. Era un día muy caluroso y el camino muy empinado, sin embargo este hombre con todas sus fuerzas y literalmente el sudor de su frente, empujaba a su hijo para poder llevarlo a la cima. Le pasamos en el caminar ya que anhelábamos llegar arriba para buscar nuestro premio: un gran mote con huesillos! Y tanto era nuestra sed y calor que tomamos dos!!!
 Cuando descansábamos y estábamos a punto de comenzar el camino de regreso, vimos llegar al hombre con su hijo a la "meta final". Cuán grande y cuanta felicidad irradiaba la cara de aquel niño de estar ahí, me emocionó mucho ver el esfuerzo de su padre. Al día siguiente cuando yo misma me puse de pie en la para ir a la Iglesia, sentí un dolor en mis piernas terrible! pero este dolor se hizo leve al automáticamente pensar en el dolor de brazos y piernas que debió haber tenido ese hombre esa misma mañana por haber dado todo de sí por su hijo. No murmuró ni se rindió, sino que silenciosamente aguantó su cansancio para poder llevar a su hijo amado a lo más elevado del cerro.
Este hombre es un gran ejemplo para mí, y escribo de él para no olvidarle  Me hizo meditar en cuan grande es el amor de mi Padre Celestial, cuantas veces ha sido él quién ha empujado mi silla de ruedas hacia la cima, cuantas veces él ha estado tras de mi para que yo pueda conseguir llegar a la meta. Le amo infinitamente a él y a su hijo Jesucristo. Gracias le doy por darme la sensibilidad de apreciar estos actos de amor.

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