Últimamente he estado leyendo bastante e investigando bastante. Estudio arquitectura, por lo cual las ciudades siempre me han llamado la atención (aunque ese no sea el motivo principal de por qué estudio arquitectura). He leído varios artículos relacionados con las ciudades antiguas, me atrae la historia de las culturas antiguas, incluso en los tiempos antes de Cristo.
Ha despertado en mi un gran interés por la isla Ayutthaya, la capital de Tailandia. Es mundialmente conocida como la ciudad más bonita del mundo. Me llama a mí y a mi mochila para ir a comprobar su belleza y misterios.
Por otro lado, he leído sobre Rumi, el célebre poeta y filósofo sufí. En una ocasión le pidió a sus alumnos que hicieran una lista de las tres cosas que más anhelaban en la vida. Si alguno de los elementos de la lista no armoniza con uno de los demás, les advirtió Rumi, os espera la infelicidad. Lo mejor es llevar una vida orientada en una única dirección, les explicó.
Entonces, qué hay de los beneficios de vivir armónicamente entre dos extremos? Qué sucedería al crear una vida lo bastante expansiva como para poder sincronizar varios contrarios incongruentes en un esquema vital que no excluyera nada? Se puede experimentar ambas cosas siguiendo una misma línea?
Qué agradecida soy por tener como mi única dirección el evangelio. No creo necesitar nada aparte para poder ser completamente feliz. Mis otros dos puntos son recorrer el mundo y tener mi propia familia.
Me da terror y a la vez anhelo algún día llegar a ser madre. Aún no sé que tipo de madre seré, quizás una un poco hippie orgánica,una que se los lleve a viajar por lugares desconocidos, una madre que le enseñe a sus hijos sobre arte y música, o quizás una que los deje andar con disfraces de spiderman o mariposas y comer galletas cuando se les antoje...no lo sé. Pero de seguro las dos cosas fundamentales que sí les enseñare a mis hijos es a orar & a leer.
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